Karina es una niña de once años de edad, estudia cuarto grado de primaria en una escuela pública en Granada. Pero no es una niña cualquiera. Su mirada fija y sus grandes ojos penetrantes hacen que parezca una mujercita en miniatura. De hablar pausado y con la sonrisa siempre a flor de labios me cuenta que su día empieza a las seis de la mañana.
Brenda (izquierda) y Karina (derecha)***********************.
Por Suyén Moreno.- Día de por medio viene a Managua cargando sobre su pequeña cabecita largos rollos de petates. Cuando hablé con ella pude intuir que será muy exitosa. Hablamos de los problemas que uno tiene que superar para poder alcanzar las metas; sus ojos se iluminaron con un brillo especial y escuchó la lectura que hice de dos artículos sobre el éxito, con mucho respeto e interés. Pude advertir cómo las palabras que mi boca expresaba agrandaban sus ojos y creo sin duda que también su horizonte.
"Nunca midas al hombre por el terreno que pisan sus pies, sino por el horizonte que alcanzan sus ojos", le dije. Mis ojos se enfocaron en los suyos y le pregunté si había entendido. Mi temor era que a su corta edad no pudiera digerir lo que le decía, pero asintió con sus grandes ojos, y su cabeza se movió con un gesto afirmativo.
Su hermana, Patricia Aracelly le pide que la acompañe a Managua, a vender petates. Durante largas horas recorren varias calles de la capital, bajo el inclemente sol.
Patricia Aracelly tiene 19 años, tez clara, una sonrisa tímida y baja estatura. Se interesó en lo que le compartía a su hermanita y me preguntó sobre la frase "del horizonte". Me llenó de satisfacción saber que había captado su atención.
Nunca midas al hombre por el terreno que pisan sus pies, sino por el horizonte que alcanzan sus ojos, -repetí- eso significa que aunque en este momento ustedes anden vendiendo petates, no significa que no puedan llegar a ser exitosas. La clave es tener una visión, una meta y enrumbar hacia ella, disfrutando el camino.
Sentí que mis palabras les dieron esperanzas, así que les conté la historia del niño vendedor de periódicos que llegó a ser multimillonario. Temiendo que fuera una historia demasiado irreal para ellas, les mencioné algunas de las dificultades que tuve que superar cuando estaba más joven.
Patricia Aracelly ya es una pequeña empresaria. Trabaja desde los diez años y ahora, a sus diecinueve, compra petates a artesanos granadinos y viene a Managua a revenderlos, al doble de su precio.
Es una mujer de negocios, brillante. Con la adecuada educación financiera llegaría a tener en poco tiempo mucho dinero.
-Tenés que empezar a leer- le recomendé. Me miró con incredulidad.
Le mencioné que ella era admirable, porque mientras otras jóvenes se dedican a actividades menos nobles, ella trabaja y le enseña a su hermanita a hacerlo.
A su corta edad sabe cómo hacer dinero, le falta averiguar cómo gastarlo y cómo hacerlo producir, pero ya está en camino de saber. Es honrada. Sabe que las cosas tienen su precio y que tiene que trabajar por ellas.
Desde hace dos años que no estudia, "porque trabajaba y estudiaba y se me hacía difícil con las dos cosas". Aprobó solo la primaria y viene a trabajar a la capital porque quiere "ser independiente".
¿Tenés algún sueño?, le pregunté. Pareció no entender. ¿Hay algo que querrás lograr?, insistí. Su respuesta fue un tímido "no", con el entrecejo arrugado y la mirada esquiva.
No me dí por satisfecha y proseguí: -Todos cuando estamos pequeños siempre queremos "ser algo cuando lleguemos a grandes". ¿Vos qué querías ser?-
Su sonrisa se amplió y sus ojos reflejaban una tristeza, que trataba de disimular infructuosamente: -yo quería ser policía... jajaja...pero ya no-.
Su risa medio burlesca me entristeció. Se burlaba de su propio sueño. Le repetí una frase que leí en algún viejo, pero muy sabio libro: "Todo lo que tu mente conciba es capaz de obtener".
Estaba tan embuída conversando con Patricia, que por unos instantes me había olvidado que tenía cerca de mí un par de ojos, que escudriñaban todos mis gestos y el ímpetu que le puse a esa frase.
Karina, la potencial mujer exitosa que un dia muy cercano, y dependiendo de su empeño, será un orgullo para su familia y para Nicaragua. Estaba sentada en la misma silla conmigo, bajé la vista hasta su pequeña carita y le sonreí. Acaricié su cabeza y en su mirada advertí que seremos amigas por mucho tiempo.
No sería justo de mi parte dejar de mencionar a otra menor cuya historia es similar a la de miles de niñas abandonadas por sus familias.
Es un remolino de piel oscura, que sin duda alguna hace que la vida de Karina y Patricia sea más activa. -¿Cuál es tu nombre?- le pregunté. Y con una voz firme y sosteniendo la mirada me respondió: -Brenda de los Angeles Casco-.
Nació hace catorce años y ya lleva en su vientre a una criatura en gestación. Le contaron que su madre se perdió, cuando ella tenía muy corta edad. Pero no se puede extrañar una vida que no se ha vivido, ni a alguien que no ha sido conocido. Vive su presente y alardea de su buena suerte, al haber estado un tiempo en Costa Rica, cuando otras niñas no conocen más que las calles de su pueblo.
Vivaz, servicial y bulliciosa, recorrió la oficina de cabo a rabo, se sentó en mi escritorio, tomó hojas de papel, unos marcadores y se dedicó a elaborar lo que para ella es una obra de arte, y para mí un hermoso gesto de cariño: "Suyen Moreno. Mucha gracias por tu atención. Brenda"
Tres niñas. Tres historias. El final será feliz o triste dependiendo de cuál sea el deseo de cada una. Parafraseando un poema diría "Cada una es la hacedora de su propio destino" Pero siempre necesitamos puntos de referencias para saber cómo podemos actuar de la mejor manera posible. El problema es que los referentes que las personas buscan o tienen a la mano, no son siempre los más adecuados.
Querido lector, mi objetivo al presentar este segmento, es destacar al nicaragüense que vale. Al nicaragüense trabajador y esforzado. No importa que sea moreno o blanco, grande o pequeño, leído o iletrado. Al final de cuentas todas las personas tienen algo que enseñarnos y la honradez y el amor al trabajo son dos cosas de las más importantes que a veces pasan desapercibidas.-
Información adicional: Los petates (esteras) son elaborados con la fibra del Tule ( Cyperus canus ). Esta planta proviene del bosque latifoliado de las regiones de Granada y Tisma.
La producción promedio de cada artesano es de 240 petates por año. Este alto volumen de producción se debe principalmente a que los petates confeccionados en Nicaragua son de tamaño mediano y no son pigmentados, por lo tanto su elaboración es más rápida.
Esta actividad genera empleo directo para 2.100 personas, además del empleo indirecto para los recolectores de fibra en el bosque y los comercializadores.
El petate puede utilizarse para tenderlo sobre la hierba en un día de campo, o como aislante del sol en balcones o casas veraniegas.
Pero eso no es todo, adquiera uno y enseguida sabrá el uso que puede darle.
Para cualquier información adicional , contáctese conmigo.
COMENTARIOS
de nuestros lectores
Por Lic. Jorge López Pereira.- Estimada Suyen Moreno: He leído un correo electrónico que me envió sobre Las Petateras de Granada y me parece muy interesante darlo a conocer a través de su presitigioso sitio web. Además, pienso que se debería publicar por otros medios de comunicación y dar a conocer las grandezas de nuestro pueblo nicaragüense. Para tal fin, deseo ponerle a su entera disposición mis servicios de traducción profesional, los cuales pueden ser muy útiles para difundir su sitio de Internet y dar a conocer en otra lengua nuestra cultura y las hazañas de nuestra gente.
Por César Padilla. LAS PETATERAS, es un trabajo tan humano que conmueve por la frecuencia con que nos encontramos con gente que hace solo cosas buenas para sobrevivir y sus sueños se quedaron en intentos o colgados de las pupilas oteando horizontes que les negó la pobreza...o una conducta de otro ser que se dice humano y les robó el futuro...muy buen trabajo Suyén, por algo te quiero tanto y te admiro.