Capítulo 7
Piense y Actue como un Ganador

 

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Suyén Moreno
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La lectura de hoy

 

LIBRO: PIENSE Y ACTUE COMO GANADOR

LAS ESTRATEGIAS DE LOS CAMPEONES-- WILLIAM HARVEY STEIN

CAPÍTULO VII

EMPRENDER LA MARCHA

Este último capítulo trata sobre la acción. Es decir, sobre la actividad, el esfuerzo, la lucha y la iniciativa que se requieren para avanzar hacia el éxito. Es un capítulo pequeño pero fundamental para dar sentido a todo lo que he dicho hasta aquí.

Es obvio que si deseamos alcanzar una meta, cualquiera que ésta sea, es necesario ir hacia ella, avanzar en su dirección y hacer todo lo que sea necesario para conquistarla. No obstante, aunque parece una cuestión evidente, lo cierto es que es aquí donde naufragan muchos proyectos. Y es que el espacio que existe entre las buenas intenciones y las buenas acciones suelen ser, en el caso de ciertas personas, muy grande. De hecho hay quienes casi nunca dan este paso y acaban sus días con una gran cantidad de deseos incumplidos y planes sin realizar. Cuando uno platica con esa gente se sorprende de la cantidad de buenas ideas y de iniciativas prometedoras que se quedaron en su imaginación. Esto es algo muy triste pero, por desgracia, frecuente.

Dice el dicho que soñar no cuesta nada. Tal vez sea ésta la razón por la cual mucha gente pasa tanto tiempo soñando. ¿Y por qué no? Después de todo es gratis. En cambio, actuar tiene su precio, el cual pagamos con esfuerzo, riesgos e incertidumbre. En ocasiones también nos cuesta dinero y, en algunos casos, produce tensión. Además, siempre existe la posibilidad de fracasar. Entonces ¿para qué molestarnos? Limitémonos a vivir como espectadores y actuemos sólo cuando estemos seguros de que no hay ningún riesgo. Tal vez nunca seamos ganadores pero, por lo menos, viviremos más tranquilos.

Este razonamiento es muy común. De hecho, así piensa la mayor parte de las personas.

Ahora bien, una de las características que distinguen a los ganadores es –además de las ya enumeradas— su capacidad para tomar la iniciativa y actuar. Dicha posición se opone a la de quienes esperan a que otros decidan por ellos y a la de aquéllos que sólo  confían en la suerte.

Una persona realmente exitosa no puede ni debe dejar de soñar y de planear. No obstante, a diferencia del resto de la humanidad, no se confirma con esto, pues sabe que la obra sin realizar sencillamente no existe. Uno de mis antiguos compañeros de escuela –cuyo nombre omito por razones obvias— poseía una gran inventiva. Era uno de esos individuos inquietos y originales que siempre estaba creando cosas nuevas. Su fuerte eran los aparatos de uso doméstico. Mientras lo conocí, diseñó cerca de 32 aparatos diferentes, entre los cuales estaba un ingenioso aditamento para sacar el aire a los bolsas de polietileno y que servía para conservar las frutas y verduras al vacío. Lo más interesante de este aparato es que no utilizaba electricidad, sino la fuerza del agua al salir del grifo. Uno abría la llave y el propio movimiento del líquido al salir hacia funcionar una pequeña máquina de vacío que se conectaba a una manguera. En muchas ocasiones hablamos de las posibilidades comerciales de este aparato. Todo era cuestión de fabricar un prototipo y buscar una compañía interesada en producirlo.

Mi condiscípulo no era ningún flojo y, a juzgar por sus inventos, tampoco era tonto. Su problema era la falta de resolución. De inmediato dudaba del valor de sus ideas. Decía que no contaba con el dinero suficiente para realizar el prototipo o bien corregía una y otra vez el diseño original de sus inventos para arreglar supuestos errores. La realidad es que ninguna de sus ideas pasó del papel. Hoy en día, aparatos muy similares a los que él imaginó hace más de diez años se venden en el marcado. Es una lástima que él no haya aprovechado la oportunidad cuando se le presentó. Sencillamente sucedió lo que debía pasar: individuos con más visión e iniciativa que él no dudaron a la hora de actuar y obtuvieron los beneficios que él hubiera podido aprovechar.

¿Por qué es tan difícil para ciertas personas pasar de las palabras a los hechos? La pregunta es simple: porque emprender la realización de un proyecto entraña riesgos e implica compromisos. En efecto, todos podemos equivocarnos y cualquier tarea grande o pequeña exige que nos hagamos responsables de ella. Esos dos aspectos constituyen, aunque parezca difícil creerlo, obstáculo insalvable para muchos individuos. Se convierte en temores muy difíciles de vencer. El problema es que si no los vencemos nunca llegaremos muy lejos, pues todas las metas que valen la pena conllevan grandes dosis de riesgo y compromisos.

A nadie le interesa lo que usted podría lograr si se lo propusiera, ni le van a pagar un solo centavo por las ideas que guarda en su cabeza. En este mundo, nos guste o no, lo que vale son los resultados, las obras terminadas. No importa a qué se dedique usted, ni cuáles sean sus objetivos, sueños y metas. Lo que importa es que haga las cosas, que ponga manos a la obra y obtenga resultados.

No siempre estos resultados estarán a la altura de lo esperado y, con frecuencia, la realización de un proyecto nos enfrentará con dificultades que no habíamos considerado durante la fase de planeación. En cualquier caso, la acción será siempre más recomendables que la duda, aún en aquellos casos en los cuales nuestras acciones nos conducen al error. Dicho en otras palabras: es mejor actuar y tropezarnos, que no actuar nunca por temor a dar un traspié.

En ocasiones, las personas no dan el paso decisivo porque sienten que todavía no ha llegado el momento. Prefiere esperar a que existan condiciones más propicias, o bien difieren la realización de un proyecto porque éste no se encuentra aún suficientemente maduro. Esto está muy bien. Todos deberíamos ser capaces de reconocer el momento oportuno para actuar. Es importante no precipitarnos ni emprender trabajos que todavía no están bien considerados. La intuición y la prudencia son, en este sentido, dos importantes aliados de la gente exitosa. No obstante, la mayoría de las veces la espera y las precauciones excesivas constituyen meros pretexto, coartadas que nos inventamos porque tenemos el valor para tomar la decisión de actuar.

Recuerde: ningún proyecto importante es cien por ciento seguro, nunca tendremos el control de todos los factores en juego y jamás, óigalo bien, alcanzaremos la perfección. Esto significa que, a veces, debemos poner manos a la hora aun cuando no tengamos toda la información y todos los elementos necesarios para garantizar el éxito. De hecho, el verdadero triunfo se consigue, por lo general, después de varios intentos, sobre todo cuando se trata de algún empeño valioso y de gran alcance. Eche usted un vistazo a la vida de los grandes científicos, los empresarios de renombre y los deportistas célebres de todo el mundo. Muy pocos consiguieron el éxito al primer intento. Algunos, incluso, batallaron durante años antes de ver resultados.

Lo importante es actuar, poner manos a la obra. Demos hoy el primer paso, y mañana otro y luego otro más y así sucesivamente. En el camino podemos corregir los errores, reorientar nuestro recorrido, revisar los métodos empleados, establecer metas intermedias, etcétera.

Ésta es una de las formas en las que funcionan la mente de los ganadores. Y esta es, también , la mejor estrategia para alcanzar el éxito, sobre todo en el ámbito empresarial, donde la mayoría de las decisiones importantes se toman durante el desarrollo de los proyectos. No pretendo decir con esto que la fase de planeación sea prescindibles. Ninguna compañía importante lanza un producto sin un cuidadoso estudio de mercado, sin un análisis previo, sin haber considerado las ventajas y desventajas del proyecto, y sin estudiar aspectos tales como promoción, distribución, ventas, etc. Sin embargo, siempre llega el momento en el que es necesario pasar a los hechos. No podemos postergar indefinidamente este paso a riesgo de hacer fracasar todo el proyecto. Esta misma lógica se puede aplicar también en distintos ámbitos de nuestra vida. Decisiones tales como comprar un auto, remodelar la casa, aceptar un empleo, iniciar un negocio propio, etcétera.

Sin embargo, la importancia de la acción va más lejos. Hay motivos todavía más poderoso que la mera obtención de resultados para ocuparnos de ella. Se trata de razones vinculadas con la libertad y la responsabilidad individuales. Los verdaderos ganadores se distinguen, en este sentido, de aquellos que simplemente han logrado alcanzar tal o cual objetivo en la vida porque, a diferencia de estos últimos, han asumido el compromiso de tomar las riendas de su futuro. Decidirse a actuar por cuenta propia, en lugar de limitarse a reaccionar sólo cuando las circunstancias nos empujan a ello, implica asumirnos como entes activos y libres, es decir, como agentes de cambio.

Hay personas que han tenido suerte y que, por alguna situación inesperada, se han visto favorecidas de alguna manera. Este triunfo aislado, sin embargo, no es sinónimo de éxito, al menos no en el sentido que aquí le hemos dado a esta palabra. El éxito auténtico –ese que no está sujeto a los reveces de la fortuna y pervive más allá de la adversidad— es el que emana de las propias decisiones y del compromiso que ellas suponen.

Nunca será un ganador si permite que otras personas controlen su vida. Tampoco podrá serlo si continuamente evita hacerse responsable de sus actos y evade la toma de decisiones. Su vida puede cambiar radicalmente si usted quiere, pero para ello es necesario entrar en acción, tomar la iniciativa en lugar de esperar que la solución llegue por sí sola. Recuerde que sólo tenemos una vida y que no podemos desperdiciarla. El tiempo no se recupera. Cada hora que vivimos sin aprovecharla al máximo, se pierde irremediablemente. ¿Cuánto de su valioso tiempo perderá usted antes de darse cuenta que el mundo es suyo? ¿Cuántos días inútiles habrán de pasar antes de percatarse de que las cosas buenas sólo suceden cuando nos esforzamos para conseguirlas?

El filósofo francés del siglo del XVI, Michel de Montaigne, escribió en uno de sus luminosos ensayos: “Encontrar satisfacción en la vida no depende de los años, sino de la voluntad”. Dicho en otras palabras, podemos pasarnos toda la vida esperando tranquilamente que las cosas buenas ocurran, o podemos decidir, mediante un acto de nuestra voluntad, salir a buscarlas. La decisión es suya

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