Capítulo 7
Los siete secretos del ÉXITO

 

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Fraterna,
Suyén Moreno
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LA LECTURA DIARIA
 
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Capítulo 7

 


LOS SIETE SECRETOS DEL ÉXITO

Una historia de esperanza
Escrito por Richard Webster

 


CAPITULO 7

          Exactamente a las 10:30, Kevin fue escoltado hasta la oficina del señor Grayland. Era una amplia oficina de esquina, en el piso 11 de un edificio del centro. Cuando Kevin entró, se quedó pensando en cuánto costaría el alquiler de ese lugar.

El señor Grayland le estrechó la mano cordialmente y le ofreció asiento en un sofá.

--Tiene una hoja de vida impresionante -dijo, dándole un golpecito a los papeles que tenía en la mano.

--Gracias -dijo Kevin--. Pero antes que todo debo confesarle que no sé si me interesa el trabajo.

El señor Grayland se rió. -Eso nunca lo había oído, por lo menos no en una entrevista.

--Bueno, señor, de verdad necesito un trabajo, en realidad sí lo necesito. Mi negocio fracasó y debo mucho dinero. Pero también tengo que serle franco. Mis intenciones son independizarme tan pronto como pueda. Estoy buscando algo que me saque a flote, y me doy cuenta de que usted probablemente quiere contratar a alguien que se quede en la compañía varios años.

El señor Grayland se puso de pie y fue hacia la ventana. Se frotó la barbilla pensativo. Al rato empezó a reírse y a mover la cabeza de un lado a otro. Se volvió hacia Kevin todavía riéndose.

--Venga acá -le dijo. Quiero mostrarle algo.

Kevin se reunió con él junto a la ventana y miró hacia abajo, hacia la intersección de las calles, y luego hacia los edificios que había alrededor. Podría ser el centro de cualquier ciudad grande.

El señor Grayland le mostró el panorama con un gesto de la mano.

--Dígame, ¿qué ve?

Kevin miró de nuevo. Abajo sonó el pito de un automóvil. Vio el tráfico detenerse para que los peatones cruzaran la calle. Se daba cuenta de que el señor Grayland lo observaba cuidadosamente.

--Veo muchas cosas, señor Grayland -dijo--. Pero veo una cosa por encima de todo lo demás: oportunidades. Toda esa gente allá en la calle, todas las personas en los automóviles, en las oficinas a nuestro alrededor necesitan algo. Veo un mundo de oportunidades.

El señor Grayland lo miró con una sonrisa radiante. --¿Sabes, muchacho? Creo que nos vamos a poder ayudar el uno al otro.

Dos horas después, Kevin se sentó frente a Todd en la mesa del comedor, y le contó lo que le había pasado en la mañana. La bata que Todd llevaba puesta parecía ser varias tallas más grande, pero la expresión de su cara se veía alerta e interesada, como siempre.

--Creo que nos sintonizamos desde el primer momento -empezó Kevin--. Le dije lo que me dijiste de las oportunidades que están en todas partes, y terminó por darme una. Voy a empezar una nueva división en su compañía, como proveedor de accesorios para computadores. Eso hace que mis conocimientos de computadores se unan a su experiencia en papelería y productos de oficina.

Todd sonrió encantado y abrió los brazos con entusiasmo.

--¡Es maravilloso! ¿Ves lo que pasa cuando te apegas a la vida y te mantienes alerta esperando una oportunidad? ¿Cuándo empiezas?

--Cuando quiera. Decidí hacerlo el lunes. Eso me dará tiempo de arreglar unas cuantas cosas antes. Lo mejor de todo es que es casi como tener mi propio negocio. Vamos a ser socios, pero tendré un ingreso regular mientras me establezco.

Todd se tomó una cucharada de sopa de champiñones. Kevin vio que la mano le temblaba ligeramente. Por lo menos estaba comiendo. Hasta ahora se había limitado a jugar con la sopa.

--Quiero agradecerte con todo mi corazón -dijo Kevin--. Por todo.

Todd sacudió la cabeza. -No hay necesidad. Estoy tan contento como tú. Sembré unas semillas y ahora están dando fruto. El placer es todo mío.

Kevin se sirvió un poco de jamón y ensalada.

--Me gustaría devolverte el favor de alguna manera.

--Claro que puedes -dijo Todd sonriendo--, y estoy seguro de que lo harás. Todo lo que necesitas es ayudar a alguien más, tal como dices que yo te ayudé a ti. Ya empezaste. ¿Te acuerdas del vagabundo en el parque? Me puse muy feliz cuando me contaste lo que hiciste por él.

--él no lo agradeció.

--¿Y qué? Hiciste algo bueno. Creaste un buen karma para ti. Quien sabe, tal vez ésa es la razón por la cual te hicieron esa maravillosa oferta esta mañana.

Kevin dejó el tenedor sobre el plato.

--¿Crees que me ofrecieron el trabajo porque ayudé a ese hombre en el parque?

--Tal vez sí, tal vez no -dijo Todd moviendo las manos--. Pero el simple hecho de haber hecho algo bueno significa que algo bueno te pasará a ti algún día. Es una ley universal. No tienes que creer en ella para que funcione. Sé que es una ley casi egoísta. Ayudo a otros porque sé que de muchas maneras eso me beneficiará.

--¿Cómo te has beneficiado por haberme ayudado?

Todd se rió. -He disfrutado muchísimo de tu compañía y tu amistad. Has estimulado mi mente. Estoy tan contento como tú con tu nueva oportunidad. Ya he recibido una enorme compensación.

--Sí, pero ¿te has beneficiado de otras formas?

Todd suspiró y dejó la cuchara entre la sopa.

--Estoy seguro de que habrá muchos beneficios, sólo que no siempre se pueden reconocer en el momento. Tú sabes, como cuando te sucede algo bueno y no te lo estabas esperando. Eso me pasa todo el tiempo, y no tengo la menor duda de que es porque he hecho cosas para ayudar a los demás.


Hubo un largo silencio mientras Kevin pensaba en las palabras de Todd. Elspeth apareció, trajo más jugo, y se llevó los platos vacíos. Kevin notó que pasó la mano un segundo sobre el hombro de Todd.

Todd comió algo de ensalada y se tomó el jugo.

--Ahora es el momento de contarte la regla número seis -dijo sonriendo con desparpajo. Su cara se veía de repente joven y llena de entusiasmo--. De hecho, ésta ya la sabes y la has puesto en práctica.

--¡No puede ser! -se rió Kevin--. ¡No puedo creer que haya estado poniendo en práctica una de las reglas sin siquiera darme cuenta!

--Yo no diría eso exactamente -corrigió Todd--. Es algo que sabías antes, pero que olvidaste, y creo que hoy te lo encontraste de nuevo.

Con esfuerzo, Todd corrió su silla hacia atrás y se puso de pie sobre unas piernas temblorosas. Kevin fue hacia él para sostenerlo. Caminaron juntos hacia el balcón que daba al puerto. Todd se sentó en una silla acolchada, y Kevin trajo una silla del comedor para él. Kevin respiró hondo varias veces para sentir el aire del mar antes de sentarse.

--No me tengas en ascuas -dijo--. ¿Cuál es la regla número seis?

--¿Crees en Dios? -le preguntó Todd, con los ojos fijos en su cara.

Kevin pasó saliva. -No estoy muy seguro, Todd. Creo en algo, llámalo u una fuerza vital universal, o un espíritu que tenemos dentro.

--Eso es muy similar, supongo -afirmó Todd--. Sí, yo creo en una mente universal y en una chispita que habita en cada ser viviente. Todos estamos conectados unos con otros. Todos los seres vivientes de este planeta. Por eso es que tenemos que cuidar todo lo que hay en este mundo maravilloso. En el fondo, todo es parte de nosotros mismos.

Todd observó las crestas blancas de las olas en la bahía.

--Lo que necesitamos es fe, Kevin -dijo--. Y no lo digo en el sentido de creer en un dios sentado en una nube esponjosa en alguna parte. Lo que quiero decir es que debes creer en ti mismo. Debes tener fe, o confianza, si lo prefieres, en que puedes lograr las metas que te propongas. Si crees en ti mismo puedes conseguir lo que quieras.

--¿De verdad piensas que creo en mí mismo? -dijo Kevin suspirando pesadamente.

--Claro que si. Ayer no creías en ti, pero esta mañana convenciste al señor Grayland de que eras la persona adecuada. No lo habrías conseguido si no creyeras en ti. ¿Recuerdas cuando empezaste a trabajar? Debes haber estado lleno de confianza y fe.

--Y mira qué bien me hizo.

Todd se rió. -Sí, perdiste la confianza por un tiempo. Pero no importa. Ya la recobraste.

--¿Así que sólo me queda una lección por aprender?

Todd asintió. -Tú ya la sabes, Kevin.

--¿Me la vas a decir ahora?

--Hoy no -dijo Todd muy serio--. Quiero que practiques las otras un poco más. No quiero que sólo las pienses y las aceptes a nivel racional. Quiero que las pongas en práctica en tu vida diaria. Así podrás comprobarlas a satisfacción. Y tal vez podrás probárselas a Sandy también -Todd extendió el brazo y le tocó la rodilla--. Tengo algo de frío. ¿Le puedes decir a Elspeth que me traiga una manta?

 

Sexta clave del éxito :
CREE EN TI MISMO

 

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